miércoles, 5 de enero de 2011

Noche de Reyes en Madrid


Acudo a Madrid, como cada año desde que dejé de vivir en esta fantástica y maravillosa ciudad, a pasar la fiesta de los Reyes Magos junto a mi familia. Los Reyes llegaron a Belén guiados por una Estrella especial y con su ejemplo nos invitan a que cada uno encontremos y sigamos la nuestra.

Un año más el ambiente en esta tarde-noche tan especial es mágico, alegre, jovial y emotivo. Miles de niños, y no tan niños, se acercan al Paseo de la Castellana para ver la cabalgata; ilusión y esperanza contagian las calles de Madrid. Después chocolate con churros en San Gines.

Volvemos a casa y paseamos por la Plaza Mayor, la Catedral de la Almudena, el Palacio de Oriente y la Plaza de España. Mi padre ha dejado aparcado el coche en la calle Ferraz, a la altura del portal número 12. Al lado veo una placa en la que leo que en una de esas casas vivió y murió D. Adolfo Marsillach. A continuación tomo el bolígrafo y en una tarjeta -no llevaba conmigo la molekine- anoto lo que sigue: "No soy tan ingenuo como para creer que el teatro pueda transformar la sociedad, pero estoy convencido de que existe una posibilidad de ayudar a despertarla" (Tan cerca, tan lejos. Mi vida, de Marsillach).

martes, 4 de enero de 2011

"Las piedras del camino"


Hace un tiempo una amiga me dejó un escrito del Padre Ignacio Larrañaga cuyo título es el de esta entrada: "Las piedras del camino". Un escrito que invita a la reflexión, individual y colectiva, y a pensar; deportes ambos en desuso y tan "costosos" en los tiempos que corren, donde la prisa y lo material parecen atraparnos... Os dejo con unas líneas de ese escrito.

" El camino de la vida está sembrado de piedras; ¿qué hay que hacer con las piedras del camino? El caminante tropieza constantemente con ellas y, al golpearse, se lastima sus pies y queda sangrando. Las piedras están ahí, a la vuelta de cada esquina, esperándonos; ¿qué hay que hacer con ellas?

...

Sé delicado con las piedras, acéptalas como son, tus cóleras no las podrán suavizar, al contrario, las harán más hirientes. No te enojes, sé cariñoso y dulce con ellas, ésta es la única manera de que ellas no te hieran. Acéptalas armoniosamente, conscientemente, tiernamente, no por fatalismo. Y si no puedes asumirlas, y si no las puedes cargar a hombros con ternura y llevártelas a cuestas, al menos déjalas atrás en el camino como amigas."


Buen día a todos. Paz y Bien.

lunes, 3 de enero de 2011

La sala número 6


Hoy he terminado de leer el cuento La sala número 6 de Antón P. Chéjov (1860-1904). La narración vuelve a poner de manifiesto que el gran Chéjov no es sino un gran Maestro de cuentistas.

En el prólogo, J. Laín Entralgo señala que en las cartas y apuntes del maestro encontramos como autodefine su estilo: “la brevedad es hermana del talento”, “el arte de escribir es el arte de acortar”, “escribir con talento, es decir, de manera breve”, “sé hablar con pocas frases de cosas largas”.

Y eso es lo que hace en La sala número 6 el maestro, hablar en algo más de 50 páginas de algo muy largo como es la falta de valores, de honradez y de ética en la Rusia de mediados y finales del siglo XIX. La locura, la cordura, los escrúpulos, la desidia, lo moral, lo inmoral, la laboriosidad, la vagancia, etc., son aspectos que se abordan en este magistral cuento. Ahora ya solo me queda recomendarles encarecidamente su lectura, esta vez me ahorro la trama.

“- Tiene toda la razón. De acuerdo.

- Usted mismo sabe – sigue el doctor, en voz baja y alargando las palabras – que en este mundo todo carece de importancia e interés, excepción hecha de las supremas manifestaciones espirituales de la razón humana. La inteligencia marca acusadas fronteras entre el animal y el hombre, sugiere el carácter divino de este último y, en cierto grado, reemplaza su inmortalidad, que no existe. Partiendo de esto, la razón es la única fuente posible del placer. Nosotros, en cambio, no vemos ni advertimos junto a nosotros manifestaciones de la razón: quiere decirse que nos vemos privados del placer. Cierto que tenemos los libros, pero esto es algo muy distinto a la conversación viva y el trato. Si me permite una comparación no muy afortunada, los libros son las notas y la conversación el canto.

- Completamente cierto”.

Cada vez hay menos notas y menos canto, añadiría yo.

domingo, 2 de enero de 2011

Lecciones de la Historia

En un pequeño y deteriorado local de Tarazona de la Mancha se encuentra la Ermita de San Roque. En ella tenemos la imagen del Santo del mismo nombre así como la figura de Santa Lucía.

La Ermita se utilizó a comienzos de la Guerra Civil como checa, es decir, como cárcel donde se metía a la gente -en este caso del bando nacional- hasta que llegaba la hora del “paseo”. Y lo sé no porque lo haya leído en los libros sino porque lo dicen los propios vecinos del pueblo, de un bando y de otro, y todos coinciden hoy en lo mismo: “¡ojalá nunca tengáis que pasar por ello!”.

¡Ojalá!

sábado, 1 de enero de 2011

Strauss en Familia



Comienza el 2011 y lo hace de una forma dulcemente sonora. Llevo 31 años queriendo escuchar el concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, que retransmite en directo TVE el uno de enero de cada año, y por fin este año ha ocurrido. En la noche más vieja del año me porté bien, a las 5 estaba durmiendo –después de una entrañable conversación familiar- y a las 10:30 de la mañana estaba arriba: duchita, café y a disfrutar…

Empezar el año escuchando a Strauss es una delicia y aplaudir la Marcha Radetzky mientras uno cierra los ojos es viajar a la Viena imperial donde la música hace acto de presencia de la mano de ángeles que tocan los distintos instrumentos. Poder empezar el año aplaudiendo es fabuloso y creo que es de justicia dar gracias por ello, yo personalmente se las doy a Él.

También le doy gracias a mi familia, a mis padres y hermanos en particular, por haberme hecho tantos momentos feliz, por estar ahí siempre –en los momentos buenos y en los malos-, por haberme educado en los valores del esfuerzo, el trabajo y la constancia, por adentrarme en la Fe de Jesucristo (que no es sino la Fe de nuestros mayores), por haberme dicho muchas veces que no, por haberme dado algún azote que otro –cuánto bien hacen esos azotes, que no duelen pero si educan-, por haber hecho porque en casa no hayamos pasado nunca necesidades, por haberme animado a estudiar en aquella edad llamada adolescencia donde reina la confusión y tienta la pereza,…, en fin, agradecido estoy por todo. Y os quiero.