viernes, 8 de abril de 2011

Ana Karenina, de Tolstói


Después de leer Ana Karenina tengo que confesarles que hubiera dado lo que fuera por haber podido tomar un café con El Viejo León, pegarle fuego a mi pipa y parlar durante horas sobre lo divino y lo terrenal, lo misterioso de la existencia humana, sobre el bien y el mal, el papel de la literatura y del escritor, la función del arte, el estilo, la decadencia moral y espiritual de Occidente, etc. En cierta manera lo he hecho con la lectura previa de El viejo León. Tolstoi, un retrato literario, de Mauricio Wiesenthal en la editorial Edhasa.

Ana Karenina es una NOVELA con palabras mayúsculas. Un mundo en sí mismo donde narrador y personajes se encargan de crear una atmósfera capaz de transportarte a la alta sociedad rusa de finales del s. XIX, con sus miserias y sus virtudes. Tolstoi supo plasmar en su novela la preocupación que sentía por la pérdida de valores en la sociedad rusa y europea. De valores y de fe, no ya en Dios, sino en el propio hombre.

La octava y última parte es, a mi juicio, la más brillante de toda la novela, donde Tolstoi, sabiendo que concluye la historia –después de más mil páginas en la edición que he utilizado-, nos ofrece lo mejor de sí mismo.

Corran a leerla si aún no lo han hecho.

miércoles, 6 de abril de 2011

De sentimientos...


"El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta" (Lorca)

Esta frase la he encontrado apuntada en un sobre de Vodafone, entre mis papeles, y con letra de mi padre.

lunes, 4 de abril de 2011

La sociedad actual...


Que a lo largo de la Historia de la Humanidad ha habido Sabios en el sentido más amplio de la palabra no quiere decir que hoy no los haya. Don Francisco Rodríguez Adrados es para mí uno de los pocos que hoy quedan en España. Con motivo de la publicación de su obra Nueva historia de la democracia, el diario La Razón le hizo una entrevista el pasado lunes 28 de marzo de la que destaco lo siguiente:

- "¿Es lo mismo pueblo que masa? ¿Qué papel debe jugar el individuo en una democracia?

- Masa es el término que usaba Ortega y lo hacía en un sentido peyorativo, el individuo perdido en la masa, despersonalizado, atado por prejuicios y cadenas. La palabra pueblo se magnifica. El individuo debe dar la idea, contribuir al desarrollo pacífico. La clave es la lucha entre la sociedad y el individuo. Éste tiene que aportar todas sus posibilidades, pero la sociedad actual es pasiva y egoísta, prima lo particular y un excesivo y vacío culto a la imagen."


No he de ocultar mi admiración por el maestro Ortega y tampoco mi vicio de ir a contracorriente -si me lo permite el maestro Chesterton-; tampoco he de ocultar ante ustedes mi preocupación por lo que se viene denominando como redes sociales y la "difuminación" del individuo en medio de las mismas... y me pregunto: ¿qué hago aún en facebook?


domingo, 3 de abril de 2011

Obras


Que la ciudad se haya convertido en un lugar arduo, molesto, ruidoso e inhóspito, que se haya transformado en una obra en si misma, es lo que tiene el que los políticos manejen el dinero de los ciudadanos y lo gasten sin ton ni son. Pero todo tiene su lado positivo. Por ejemplo, si por la noche se te olvida poner la alarma del despertador no hay problema, ya sabes que a las ocho de la mañana, si no antes, una máquina que prolonga al exterior una especie de aguijón enorme de acero te despertará. Se acabó el dormir, a lo más puedes llegar tarde al trabajo, o a clase, ¡pero vamos que si te levantas! Claro que eso es una cabronada para los que trabajan por la noche, como los que se encargan del cierre de este periódico. El tener la ciudad patas arriba, invadida por las máquinas más estrambóticas que uno se pueda imaginar, ayuda a medir la capacidad de aguante que uno tenga, a saber como andamos de eso que dicen es la madre de todas las ciencias, la paciencia, en resumen, de probar nuestro sistema nervioso. Y sin acudir al médico. Un medidor positivo puede ser el superar con éxito la tentación de asomarte a la terraza y liarte a huevazos con los operarios de la obra. Todo está en orden si desistes, al fin y al cabo ellos no tienen la culpa. Empiezo a soñar con el día en que el ruido ambiental que origina tanta obra, casi todas innecesarias, nos abandone y podamos descansar en paz, volver a encontrar en nuestra ciudad un sitio cómodo y agradable donde habitar, y todo ello sin morir en el intento. Sí, voy a echar de menos -¿sigo soñando?- a todo el conjunto de la maquinaria infernal que forma parte de esta orquesta nacional del despilfarro económico que nos ha tocado sufrir; sobre todo cuando llegas a casa con el ánimo de comer tranquilo, son las tres de la tarde, y los músicos empiezan de nuevo a joder, quiero decir, a trabajar.

Publicado hoy en La Tribuna de Albacete

viernes, 1 de abril de 2011

Calles vacías


Me asomo a la ventana y veo las calles vacías. No doy crédito, me dirijo al salón, subo la persiana y salgo al balcón. Efectivamente, soledad y silencio en parques, calles y avenidas. Recuerdo entonces la novela de un autor premiado con el Nobel que Sartre rechazó, titulada Ensayo sobre la ceguera. Así creo que estamos todos: ciegos para no ver, sordos para no escuchar. O si no 1984 de George Orwell, que nos recuerda que también nosotros vivimos bajo los tentáculos del “sistema”.

Por la paz lucharon con la palabra y la obra grandes maestros como Tolstoi o Gandhi. Anterior a ellos lo hizo Jesús con un sencillo pero a la vez gran imperativo: “amaos los unos a los otros”. Si corremos las cortinas que nos ciegan, dejamos a un lado nuestros complejos y prejuicios, apelamos al sentido común y a una inteligencia coherente, vemos a un montón de artistas hipócritas en la gala de entrega de los premios malditos, no hace muchos años, gritando “no a la guerra”. En aquella guerra –malditas todas- nuestros militares acudieron en labor humanitaria para ayudar al pueblo iraquí. Hoy vuelan a Libia con veloces y potentes cazas, y no precisamente para repartir caramelos. ¿Dónde están los del “no a la guerra” que otrora plagaron las calles? Me imagino que esperando recibir alguna subvención en medio de la calle vacía.

Publicado hoy en La Verdad de Albacete