sábado, 12 de enero de 2013

Pau para los amigos

De entre los hombres ilustres que dio nuestra patria se encuentra Pablo Casals (1876-1973), Pau para los amigos.

Es curiosa la vida, Chesterton diría que sorprendente. He retomado el noble arte, si se me permite, de fumar en pipa. Buscando información a cerca de esta “ciencia” es como me he topado con la vida y obra de Pau Casals, un hombre dedicado en cuerpo y alma a la música. Con mayúsculas por favor, Música.

Dicen sus contemporáneos, lo demuestran diversas filmaciones y fotografías, que Pau Casals tocaba su violonchelo a una pipa pegado. Así como infinitas son las horas que Pau ha dedicado a la interpretación y a la composición musical, también lo son las empleadas en cargar y fumar sus pipas.

Escribo estas líneas mientras suenan distintas piezas del compositor catalán. En este instante lo hace El cant dels ocells, una bella melodía donde el sonido del violonchelo me eleva a un espacio desconocido en el que reina el placer, la paz, el sosiego, la quietud, la calma… Es la música un lenguaje universal que une al hombre, y así pensaba nuestro ilustre fumador de pipa, cuya obra creativa invita a la paz de los pueblos. No lo digo yo. En 1958 Pau Casals es nominado para el Premio Nobel de la Paz y en 1971 recibe del Secretario General de la ONU, U. Thant, la Medalla de la Paz de las Naciones Unidas. Pau estaría orgulloso de su colega Daniel Baremboim quien, en 1999 y junto al escritor estadounidense de origen palestino Edward Said, funda la Orquesta del Diván Este-Oeste integrada por jóvenes músicos de origen israelí y palestino. Una lección a ambos pueblos de que la paz es posible.


Pablo Casals murió a los 96 años con una pipa en la boca, un violonchelo entre las piernas y un inagotable deseo de paz. Desde aquí mi admiración. 




Pablo Casals: Bach Cello Solo Nr.1, BWV 1007 (8.1954)

jueves, 10 de enero de 2013

De aquella Luz, ésta


Por fin la noche de los Reyes Magos de Oriente llegó. Isabel tardó en conciliar el sueño. Sus hermanos también. Los cinco, que dormían en literas en la misma habitación, habían dejado cuidadosamente las zapatillas colocadas junto a la puerta de su habitación. En una cacerola habían puesto agua para los camellos y unas copitas de mistela aguardaban a sus Majestades en señal de agradecimiento.

Isabel era la más pequeña y la que, probablemente, más ilusión albergaba. Todavía ella creía en las hadas.

Sus padres eran unos humildes campesinos. No tenían para mucho, mucho que comprar quiero decir. En cambio, pasaban en familia muy buenos y felices ratos. A los pequeños nunca les había faltado un caldo de patatas que llevarse a la boca, ni unos zapatos en invierno o unas sandalias en verano. Los dos mayores habían dejado de ir a la escuela para echar una mano a su padre en el campo. No pudieron realizar grandes estudios pero fueron felices pensando en que cumplieron con su deber, con su familia y con las circunstancias.

Isabel siempre tenía una sonrisa en la cara. El mismo cariño recibido de sus padres y hermanos lo ofrecía a todo el que la rodeaba. Siempre guardó muy buen recuerdo de esa Navidad. Fue la familia al completo, los siete, los que reservaron todo un fin de semana para montar el gran Belén doméstico. Mientras, cantaban villancicos. Finalizado el montaje del Belén se unieron de las manos para rezar y dar gracias. Y así esperaron, día tras día, la llegada de la Natividad de Jesús.

Amaneció, y todos corrieron a sus zapatos. Isabel descubrió una muñeca de trapo, igual que sus dos hermanas. Los chicos sonrieron al comprobar que unas espadas de madera serían las protagonistas de sus juegos en los días sucesivos. La familia al completo se sentó a la mesa para desayunar, como día especialísimo que era, chocolate con picatostes. Isabel ya no dejaría de lado a su muñeca en todo lo que quedó de día. La peinó, la vistió, la volvió a vestir, y fue su compañera de cama durante mucho tiempo.

Isabel me contó todo esto el pasado día de Reyes, cuando fui a visitarla para hacernos un poco de compañía. Me gusta la idea de pensar que la luz de aquella casa, que la alegría de Isabel y de sus hermanos ante sus regalos, es la misma luz y alegría que me alumbraba hace unos días, pero a sus 87 años.


martes, 8 de enero de 2013

Biografía del silencio


Le hablé del testimonio de la doctora África Sendino. Ya en la librería, mientras una de las libreras envolvía Sendino se muere en papel de regalo, otra llegaba con Biografía del silencio en las manos, “te gustará”, me dijo. Y como uno en esto de comprar libros no tiene reparos, y a Dios gracias me lo puedo permitir de cuando en cuando, pues adquirí Biografía

Descubrí la escritura de Pablo d´Ors el verano pasado, cuando mi librera me recomendó el libro de Sendino. Una de las lecturas más bellas, profundas y dulces de todo el 2012  y que, sin duda, volveré a leer una y más veces.

Pablo d´Ors es muchas cosas a parte de ser nieto de don Eugenio d´Ors, señalaré “tan solo” que es sacerdote y escritor, y que asiste como capellán a los enfermos terminales del hospital 12 de Octubre de Madrid. Y claro, con esta presentación, a uno no le sorprende la dosis de humanidad que vierte en sus obras.

He terminado el pasado año con Biografía del silencio en las manos. Quizás tenga ello algo que ver con el anhelo de silencio que muestro en la primera entrada del 2013 de este blog. A lo largo del librito (112 pequeñas páginas), d´Ors nos describe la experiencia de vida que ha tenido desde que empezó a meditar pasados los 40 años.

“Cuanto más se medita mayor es la capacidad de percepción y más fina la sensibilidad, eso puedo asegurarlo. Se deja de vivir embotado, que es como suelen transcurrir nuestros días. La mirada se limpia y se comienza a ver el verdadero color de las cosas. El oído se afina hasta límites insospechados, y empiezas a escuchar –y en esto no hay ni un gramo de poesía- el verdadero sonido del mundo. Todo, hasta lo más prosaico, parece más brillante y sencillo. Se camina con mayor ligereza. Se sonríe con más frecuencia. La atmósfera parece llena de un no se qué, imprescindible y palpitante. ¿Suena bien? ¡Excelente! Pero confieso que yo solo lo he experimentado durante algunos segundos y solo en contadas ocasiones.”

He elegido este párrafo, de los muchos que tengo marcados y subrayados, para que el lector perciba el nivel de claridad, sencillez, viveza y humildad con el que el autor transmite su experiencia.

Reflexionas y nos damos cuenta que vivimos inmersos en el ruido, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos oímos cosas, ruido en su mayoría. A veces, incluso, también mientras dormimos. ¿Cuántos minutos del día dedico al silencio y, por tanto, a mi yo interior, a mí mismo? Esta pregunta se la hará cualquiera que se atreva con Biografía del silencio. Es la primera de las preguntas que nace como consecuencia de su lectura.

Biografía del silencio es una invitación al descubrimiento de uno mismo en unión con el mundo, un darse cuenta de que la vida continúa a pesar de salir del “ruedo” y quedar tras la “barrera”. Una propuesta a dedicar unos minutos al día a vivir, escuchar y sentir en silencio, en quietud. Y muchas cosas más, que no diré aquí para dejar que la luz que se desprende de la Biografía de Pablo d´Ors también les deslumbre a ustedes. Un buen libro para comenzar el 2013.



sábado, 5 de enero de 2013

Una noche diferente


Lo contó a penas una hora antes de coger un tren rumbo a A. S.. Allí se encontraba su abuelo hospitalizado, con un principio de neumonía. A diferencia del año anterior, la historia se repite, esta vez lo habían cogido a tiempo.

Me contó que aquella primera vez, en la que paso la noche cuidando de su abuelo, sería una de las experiencias más hermosas del año. Finalizado el año dijo que efectivamente lo fue.

Quiero pensar que de la enfermedad se pueden aprender buenas y grandes lecciones. Conozco personas que dicen que visitando a los enfermos han entendido la autenticidad del amor, que más que amar han sido amados.

Aquella noche, junto a su abuelo, también se sintió amado, acompañado, vivo.

jueves, 3 de enero de 2013

¡Feliz Año 2013! Comenzamos.


Había comenzado el 2013 inmerso en demasiado ruido. Hace tiempo descubrió que en silencio uno se escucha mejor, que llega a rincones imposibles de alcanzar en medio de tanto sonido estridente. Pero para habitar el silencio y dialogar con Él hace falta lo más importante, querer. Para querer renunciar al ruido basta con decir no. Pero decir que no es renunciar a muchas cosas y volvemos a donde, quizás, lo dejamos algún día; el hombre es un ser de contradicciones que pesan más y más a medida que uno toma conciencia de dónde está, de quién es, el camino, la verdad y la vida.

A mi me pasa un poco lo que a nuestro protagonista. Empiezo a echar de menos un encuentro con el silencio. Silencio para viajar a mi interior, quietud para meditar y reflexionar sosegadamente, soledad para dar gracias, amar y sentirme amado. Y quizás en este curso que comienza lea más libros, y si son menos no pasa nada, pero que sean buenos. Miro a la librería y ahí están, esperando, los Episodios Nacionales del señor Benito Pérez. Y tantos otros episodios que esperan su turno sin protestar. A lo mejor culmino mi primera novela, que no tiene por qué tener muchas páginas, pero que las que tenga estén bien escritas. ¿Aprobaré con éxito las trece asignaturas de cuarto de derecho en las que me he matriculado? El reto desde luego no es pequeño. Y como católico, ¿terminaré el año siendo mejor cristiano? Este curso, no sé si como mi protagonista, pero si Dios quiere me confirmaré en el sacramento del Espíritu Santo lo que, si somos serios, implica una responsabilidad debida. ¡Quién me lo iba a decir a mí, confirmarme a los treinta y tres años! Eso sí que es difícil en los tiempos que corren, decir que sí a Cristo -intentarlo- y que no al ruido, ¡uf!, complicado, se lo digo yo, pero quizás por eso mismo haya dado el paso. Lo fácil para otros, por favor. Luego uno se plantea también dormir las ocho horas que recomiendan los médicos, pero eso casa mal con trabajar, estudiar, leer, escribir y atender el entorno social que nos rodea: ¡empezamos bien!

… Y hoy, para ser el tercer día del año, aunque no llegue a las ocho voy a ver si duermo siete. Hasta el sábado.

Ya está aquí...