Los
que me conocen saben que soy un firme defensor del libro. Y cuando digo libro
hablo pues del libro, el de papel, el de toda la vida, el que nace como
consecuencia del maravilloso invento ideado por Johannes Gutenberg (1398-1468
d.C.). Nacerán books, e-books, biiks, baaks o buuks, pero el libro, ay, larga
vida al libro que puedes tocar, manosear, contemplar, anotar, oler, prestar… el
libro.
Y
en cuanto que permanecen en el tiempo gusto de la tradición y las costumbres
(claro, que no hablo aquí de tirar a una cabra por el campanario, lo que me
parece una costumbre un tanto, en fin), que por algo permanecen, y unen a los
pueblos. Por eso me siento orgulloso de las Ferias y Fiestas tradicionales que
año tras año se viven en cada rincón de España (Cataluña incluida, por supuesto
Mr. Más) -como lo son la Feria de Abril, los San Fermines, las Fallas o los Carnavales de Tarazona de la Mancha, por poner solo algunos ejemplos-, de ser miembro de una Iglesia con 2000 años de vida, o de cómo antaño
(esto hay que recuperarlo, ven) mi Abuela Venancia nos juntaba a los nietos en
la cocina a contarnos historias o recitarnos poesías. Antes los abuelos
contaban cuentos, historias y poemas a los nietos, ahora han dejado de ejercer
de abuelos para hacerlo de padres mientras que los padres, me da la sensación, ponen
a los chavales delante del televisor, o de la pantalla del “móvil”, o del ipad,
y que les dejen tranquilos. No se puede generalizar, por supuesto, y gracias a
Dios conozco un buen número de padres que se esmeran y se desviven por dar una
buena educación a sus hijos, para lo que se requiere tiempo, claro, y ejemplo.
Quedé
yo pensando en todas estas cosas, y otras, cuando escuché el otro día decir a
Antonio Escohotado que “nosotros nos encontramos con problemas evidentes
gravísimos…, de capacidad de los padres de transmitir valores a sus hijos, es
muy difícil ahora enseñar buenas costumbres que es la obligación de los padres,
muy difícil, ten en cuenta que de los libros se ha pasado a las pantallas, se
parece un poco el tránsito de pantalla a pantalla al tránsito de hoja a hoja de
un libro, pero es distinto, la mayor parte de nuestra juventud es analfabeta
funcional, en el sentido de que saben leer y escribir pero ni leen ni escribe
jamás, y si incluso le dices “oye, escribe esta carta”, le puede dar un ataque
intenso de angustia que nos haga pensar en llamar al Doctor Freud o a algún
amigo suyo para que lo calmen, ¿no?”. Estas declaraciones las hacía, si no
recuerdo mal, en el 2003, ¡ojo!, y no puedo estar más de acuerdo con ellas.
Antigua imprenta
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