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martes, 17 de diciembre de 2013

Mary´s Land in Albacete

Tierra de Maria (Mary´s Land) está de visita en Albacete. El nuevo trabajo de Juan Manuel Cotelo estará con nosotros hasta el jueves 19 en los cines de Imaginalia. A mí me ha gustado mucho la verdad, la ví el lunes. Es original, te mantiene con la intriga hasta el final, llega a lo más hondo de nuestro corazón y luego a luego suenan los moqueros en la sala. Y además, no tiene nada que ver con lo que a diario se pone en la gran pantalla. En ese sentido es bastante políticamente incorrecta, como ahora se dice. Y encima, la temática viene que ni pintada estando como estamos en época de Adviento, a la espera de que una gran Luz llene de alegría y de amor nuestros corazones. Del que se deje, claro.

Sin querer fastidiar a quién aún no la haya visto –corran, corran-, sí que diré que hay una importante misión que cumplir, al frente de la cual está un “abogado del diablo” al más puro estilo de James Bond 007. ¿Su cometido? Averiguar si miles de millones de personas en el mundo, a lo largo de XXI siglos de historia, están locos de remate o no. ¿Los protagonistas más importantes de la película? Los mismos que los de Noche Buena. En cumplimiento de su misión, éste peculiar “abogado del diablo” entrevista a una serie de personas que, al menos a primera vista, parecen estar mal de la cabeza pero… ¿lo están? Vayan, vayan a verla.

*Publicado en La Tribuna de Albacete, el 22.XII.2013

jueves, 20 de junio de 2013

Invictus

Es emocionante ver en una película cómo la reconciliación de un país comienza con el perdón de su Presidente a aquellos que lo tuvieron en la cárcel casi treinta años. Hay que tener una gran talla humana y moral para hacerlo, pero no solo para eso, sino también para ser capaz de incorporar al proyecto común de tu país a aquellos que un día te persiguieron.

De Invictus aprendemos nuevamente que la unión hace la fuerza, que el odio no lleva a ninguna parte, que el amor mueve montañas, que no hay nada imposible si lo intentas, que el trabajo duro, la constancia y la ilusión son aptitudes indispensables para la consecución de los objetivos.

Echo en falta en mi país esa unión, ese entendimiento, la comprensión de los unos con los otros, más amorosidad (“hay que hablar con amorosidad”, decía mi abuela Venancia) y menos violencia. La historia nos enseña que cuando en España todos hemos ido a una hemos logrado grandes objetivos, hemos sido una gran Nación. Es cierto que podemos caer en la tentación de excusarnos en la ausencia de líderes con el coraje de un Nelson Mandela entre nuestros políticos, sin embargo, podemos empezar por mirarnos al espejo y reflexionar sobre lo que podemos hacer cada uno de nosotros para que nuestro entorno sea un lugar más habitable, más saludable, más optimo. Quizás podríamos empezar por cuidar nuestra educación, nuestro civismo. Quizás fuera un buen comienzo.


Gran film Invictus, que por supuesto recomiendo.



martes, 26 de marzo de 2013

El beso de Judas


El beso de Judas, de Rafael Gil, se rodó entre el 8 de agosto y el 10 de noviembre de 1953 en Tierra Santa, a donde se desplazó el director con su equipo. El proyecto en su origen fue de lo más humilde, pero las buenas perspectivas que causó entre distintas productoras permitieron a don Rafael “ampliar” su trabajo. Obtuvo el premio a la mejor película en el Festival de Cine de Venecia.

Vi la película el pasado domingo de Ramos, día en el que se recrea y conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, vitoreado por el mismo pueblo que días después gritaría ante Poncio Pilatos: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”. Así somos. A mi juicio, estamos ante un extraordinario film para dar la bienvenida a la Semana Santa, la más importante del calendario cristiano. La película ofrece una recreación bastante acertada de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Pero lo que la distingue de otros trabajos semejantes es que narra el Misterio desde el punto de vista de Judas, el Apóstol elegido por el propio Jesús y que le ha de entregar a la Cruz por un puñado de monedas; todo ello con un retrato psicológico del personaje magistral, así como de la tradición, ritos y costumbres de la sociedad judía de la época.

De la película -de las Sagradas Escrituras, en definitiva-, varios aspectos a resaltar: ¿Quiénes son los apóstoles? Jesús elige para su misión a personas corrientes y sencillas, humildes, pecadoras, que aún viendo sus “signos” no creen, que prometen fidelidad y lealtad eterna pero a la hora de la verdad niegan conocer a su Maestro, hasta en tres ocasiones le niega Pedro. El Sanedrín, consejo de los Sumos Sacerdotes, que al no poder condenar a muerte a Jesús por no ser de su competencia, y viendo peligrar su poder, lo entregan a la autoridad romana señalándolo como conspirador del Cesar. O Pilatos, que encarna la viva imagen de la dictadura del relativismo que hoy padecemos, actuando, no en pro de la justicia, sino en pro del interés propio, a sabiendas de que condena a muerte a un Hombre “en el que no ve culpa alguna”.

¿Y el papel de la mujer? Son las mujeres (y hablo en general de todas ellas, su Madre la Virgen María, María Magdalena, la Verónica –de la que no se habla en las Escrituras-, etc.) de la Pasión de Jesús las que no le abandonan, las que permanecen a su lado con una humildad, lealtad, fidelidad y amor incondicionales. ¿Quiénes permanecen junto a Jesús en la Cruz una vez que expira? Por ello no es de extrañar que sean esas mismas mujeres las escogidas para dar testimonio de lo más grande de nuestra religión cristiana, la Resurrección de Jesús. Porque sin Resurrección nuestra Fe no tiene ningún sentido. Los propios Apóstoles, viendo, no creyeron, y por eso Jesús, ya resucitado, tuvo que salir de nuevo a su encuentro.

No soy ningún experto en cine, algún día le preguntaré su opinión a mi amigo Antonio Serrano, maestro cinéfilo, pero no creo equivocarme al recomendar El beso de Judas como un extraordinario “entrante” del “gran banquete” que nos espera…


viernes, 27 de julio de 2012

Un hombre para la eternidad


Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y hay películas –secuencia de imágenes- de cuya “lectura” se pueden sacar infinitas conclusiones y motivos para la reflexión. Una de ellas es Un hombre para la eternidad (A man for All Seasons, 1966), dirigida por Fred Zinnemann y ganadora de 6 Oscars con Robert Shaw en el papel de Enrique VIII y Paul Scofield en el de Tomás Moro. Se trata de una película para la eternidad.

Tomás Moro es decapitado por ser leal a su conciencia, a la Iglesia Católica y por su fidelidad y amor a Dios. Por ser coherente consigo mismo y sus convicciones, frente al poder. Hombre público, en su condición de jurista fue miembro del Consejo de Estado y ocupó distintos puestos de relevancia, tanto en los más altos tribunales como en su condición de canciller de Inglaterra; puesto este último para el que fue nombrado por el mismo rey Enrique VIII. Cuando nace el problema sucesorio en el seno del matrimonio entre el citado monarca y Catalina de Aragón –no pueden tener descendencia-, Enrique VIII ve en el divorcio la solución, un camino que implicaba la ruptura con la Iglesia de Roma, de la que era miembro. Tomás Moro es presionado por el cardenal Thomas Wolsey (Orson Welles) para que apoye a Enrique VIII. La respuesta de Moro ante la coacción del poder es de lo más sugerente: “Creo que cuando los hombres de Estado se olvidan de su propia conciencia y la anteponen a sus deberes públicos, conducen a su patria por el camino más corto hacia el caos. Entonces únicamente confío en la oración”. Acusado de alta traición, es decapitado el 28 de enero de 1547 por negarse a jurar y reconocer a Enrique VIII como jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra. Llevó sus convicciones hasta la muerte.

Después de ver Un hombre para la eternidad, y analizando la trayectoria seguida por nuestro actual régimen – ¿democrático?-, uno se pregunta por la conciencia de muchos de los hombres que nos gobiernan o que tienen algún tipo de responsabilidad pública, porque mira que el caos es morrocotudo. Claro, que aquí nadie será “decapitado”, y a buen entendedor,…, ya saben.


domingo, 8 de mayo de 2011

"De dioses y hombres"

Des hommes et des dieux
Dir.: Xavier Beauvois

Acabo de salir del cine de ver “De dioses y hombres”, ya ven. Emocionante la historia de estos monjes trapenses que fueron brutalmente asesinados en el Monasterio de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine, a 90 kilómetros de Argel. El film recrea a la perfección la vida austera, pobre y de recogimiento del Monasterio. Una vida, la de los monjes, entregada a las faenas agrícolas, ganaderas y las propias del hogar, a la oración, al estudio, a prestar ayuda de todo tipo a la comunidad de vecinos musulmanes con los que conviven a la perfección, prestan también asistencia médica y, en general, humanitaria de todo tipo. Los monjes fueron secuestrados por el Grupo Islámico Armado, una organización terrorista islamista, para ser utilizados como moneda de cambio y chantajear así al gobierno de Francia con el objeto de que liberara a varios de sus hombres que se encontraban presos. Francia no cedió ante el chantaje y los siete monjes fueron degollados.

Los últimos 20 minutos de la película son sobrecogedores, con una banda sonora que te levanta del asiento y te transporta. La interpretación exquisita. Antes de ser secuestrados viven su última cena y al espectador se le encoge el corazón.

sábado, 15 de enero de 2011

"Luciérnagas en el jardín"

Una buena película, buen reparto y mejores actuaciones. El contenido psicológico del film es bastante fuerte, no tiene desperdicio. También es un buen ejemplo de cómo no educar a un hijo. Ahora ya solo queda que, como servidor ha hecho esta noche, la veáis.

lunes, 28 de diciembre de 2009

"Flash of genius"


Ayer noche, en el videoclub, cayó en mis manos la película "Destellos de genio" y tras confirmar que Laura no la había visto la alquilé.


Sensacional. Dirigida por Marc Abraham en el 2008, su protagonista, Bob Kearns (Greg Kinnear), representa el papel de un profesor universitario -Ingeniero Industrial- cuya verdadera pasíón es la de inventor. Padre de seis hijos y felizmente casado, su vida cambia drásticamente cuando al descubrir el funcionamiento del limpiaparabrisas intermitente, su idea e invento es robado por la mercantil FORD. A partir de ese momento Bob inicia una lucha sin fín con el único objetivo de que se le reconozca la autoría del invento. En el camino su matrimonio se ve gravemente afectado, sin embargo, Bob sigue contando con la inestimable ayuda y cariño de sus hijos; junto a ellos se enfrentará en los tribunales, de una manera valiente y arriesgada, a la todopoderosa FORD.


Basada en hechos reales, la historia del inventor Bob nos dá un lección de valor personal y lucha por la justicia donde lo que menos importa es el dinero.


En estos tiempos que corren, sin duda, muy recomendable.