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jueves, 27 de junio de 2013

La riqueza, las churras y las merinas

Estoy de acuerdo con Antonio Escohotado, y mira que en muchos aspectos no es santo de mi devoción, cuando dice que “me he dado cuenta, y parece mentira que no me haya dado cuenta yo antes, he incluso que todavía siga esto poniéndose en duda,  que un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo, un país es rico porque tiene educación. Educación significa que aunque puedas robar, no robas. Educación significa que tú vas paseando por la calle, la cera es estrecha y tú te bajas y dices, disculpe. Educación es que, aunque vas a pagar la factura de una tienda o de un restaurante, dices gracias cuando te la traen, das propina, y cuando te devuelven lo último que te devuelven, vuelves a decir gracias. Cuando un pueblo tiene eso, cuando un pueblo tiene educación, un pueblo es rico”.

Aquí en España hay personas que la quieren “rica”, y por eso se esmeran en no tirar el envoltorio del paquete de tabaco al suelo, ni consienten que sus perros caguen en las aceras por donde paseamos, dan las gracias cuando alguien les cede el paso, respetan los pasos de cebra cuando conducen sus vehículos, pagan sus impuestos, declaran el IVA, dan los “buenos días” al vecino aunque se lo encuentren fuera del portal o del ascensor, no se escaquean de su puesto de trabajo, y mil y un ejemplos más.

Sin embargo, también hay gente en España que la quiere pobre. De estos mencionaré un solo ejemplo, miles hay. Ocurrió el sábado pasado a lo largo de la jornada que he venido comentando en los dos últimos escritos.

Le tocaba a la Joven Orquesta Nacional de España interpretar, bajo la batuta de López Cobos, la Séptima y Octava Sinfonía de Beethoven en el penúltimo de los conciertos sinfónicos del día. Los jóvenes músicos salieron de nuevo con ganas de entregarse en cuerpo y alma a lo que allí nos había convocado, la Música. Aparece el Director y cuando están a punto de empezar comienzan unos cuantos empobrecedores de la cosa a gritar e insultar como si en vez de estar en el Auditorio Nacional de Música se estuviera ante una pelea de gallos, una manifestación o un partido de fútbol. La diana de los exabruptos fue S.M. la Reina Doña Sofía. Tengo que reconocer que ante el bochornoso espectáculo sentí vergüenza ajena. Lo primero porque unos jóvenes músicos y un maestro director no se lo merecen. ¿Quieren hacer el favor de pensar en el ejemplo barriobajero que se transmitió a esos chavales? Lo segundo porque las más de dos mil personas que allí nos reunimos lo hicimos por amor a la Música, incluida S.M. la Reina Sofía (estaría escribiendo lo mismo en el caso de que la empobrecedora actuación se hubiera dirigido contra cualquier persona, con independencia de ideología o categoría institucional).

En este país llamado todavía España, la antigua Hispania proveniente del fenicio i-spn-ya (siglo II antes de Cristo), nos hemos acostumbrado a mezclar churras con merinas y además a hacerlo muy vulgarmente, en muchos casos fuera de contexto. Al final, los que allí estuvimos supimos que lo más importante de la jornada fue la Música de Beethoven (cuya Novena Sinfonía es un llamamiento a la paz, la concordia, la unión y la fraternidad, curiosamente), y es que pese a la ausencia de educación de algunos y la atención prestada por los medios de comunicación a lo más pobre, lo que realmente triunfo en el día fue la riqueza de la Música.

Churras y Merinas

sábado, 23 de marzo de 2013

Y al fin... la vida

Bueno, hoy voy a hablar de mí, que es probablemente la mejor manera de hablar de los demás y del mundo de hoy.

Después de una semana agotadora ayer celebramos el viernes de Dolores, y en mi caso, tratándose del santo de mi Abuela materna, del de una de mis tías y en mi condición de católico, pues lo viví de manera especial. La Dolorosa sufre como madre al ver lo que se le avecina a su Hijo. Y el Hijo perdona en la Cruz a todos los que allí le han llevado. ¡Qué bonito! Yo doy gracias por mirar hoy al madero y sentirme acompañado.

Dolor, sufrimiento, perdón, perdonar, perdonarse, la verdad es que la vida es impresionantemente impresionante. Amor, belleza, luz, cercanía, complicidad, escucha, silencio, alegría, sol, tierra, agua, aire, luna, estrellas, solidaridad, ternura. Y les aseguro que no tengo ni idea de porqué he escrito esta última enumeración de palabras: ¡ea! Decía Rainer María Rilke, poeta alemán, que “la vida es maravillosa”, claro que sí, aunque haya momentos en que no nos lo parezca. Momentos que han de ser aceptados con total naturalidad. Ayer, en misa, una vez perdonado, pedí a la Dolorosa y a su Hijo por la gente que tengo cerca, por los maestros y aquellos que tienen obligaciones educativas, por los gobernantes, por los pobres y por uno mismo, para que su Luz nos siga iluminando. Y sin embargo tenemos días de todo. Dedique un tiempo especial a una persona que se que no está pasando por el mejor momento, y entonces a uno se le encoge un poco el corazón, impotente, sabiendo que no puedes hacer nada salvo estar ahí para escuchar, ofrecer un abrazo o rezar. Y si lees esto pues te mando una sonrisa y un abrazo, que poco más te puedo mandar.

Al salir de misa me encontré con un amigo y su hija, que no tendrá más de doce o trece años. Resulta que todas las noches hacen examen de conciencia al modo ignaciano, juntos en familia, “es una forma de que expresen sus sentimientos”, me dice el padre. Y claro, luego me cuenta su hija que, junto a otras amigas, han formado una asociación que se encarga de hacer manualidades para vender bisutería, entregando luego el dinero recaudado a Manos Unidas, “para que se lo den a los pobres”, me dice la niña. ¡Joder, qué bonito!

Y llego a casa y hablo con mi madre, que tenía un trancazo impresionante, y me dice que está mejor. Y pregunto por mi abuelo, y que también está mejor, aunque creo que no le han sentado muy bien unas fresas que se ha tomado, bueno, paciencia, le digo a mi tía. En cambio no he podido hablar con todo el mundo con el que me hubiera gustado, pero el de arriba sabe que los tengo presentes en mi día a día. Y desde aquí les digo que "os quiero".

Mi abuela Venancia decía que teníamos que “hablar con amorosidad”. ¡Ay, cuánto te echo de menos! Eso, yo creo que falta un poco de amorosidad, de comprensión, de entendimiento, de ver en el otro a un ser igual que tú, creo que falta sencillez en la vida… Pero ya saben lo que dijo al respecto: “quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”. No se me ocurrirá a mí tirar ninguna.

Y si mi Abuela reivindicaba la amorosidad del lenguaje, mi Padre siempre dice que “tenemos que estar de acuerdo en que podemos estar en desacuerdo”. Y entonces pienso en mi primazo londinense, con el que mantengo un hermoso debate relativo a un tema que, como a él, me apasiona: Fe, Razón, Ciencia. La verdad es que podíamos publicar un libro con todos los mails que intercambiamos.

Y si me permiten, no me quiero despedir sin hacerles una recomendación que me descubrieron hace relativamente poco tiempo, muy apropiada para estas fechas: escuchar la sinfonía nº 2 de Gustav Mahler, “Resurrección”, de la que hablaré en otro momento y con cuyo final les dejo. ¡Feliz fin de semana!



jueves, 29 de noviembre de 2012

El mejor de los comienzos

No recuerdo bien la primera vez que oí el Nocturno No.20 Op. Póstumo en Do menor de Chopin, pero lo cierto es que, desde entonces, cada vez que lo escucho me pregunto qué es lo que sentía, qué quería transmitir el maestro cuando se interpretara su Nocturno. A mí el vello se me sigue poniendo de punta, cierro los ojos y me dejo llevar. El viaje es siempre diferente.

El miércoles comenzó en Albacete el “XXXII Concurso Nacional de Jóvenes Pianistas” gracias al empeño, esfuerzo y dedicación de las Juventudes Musicales de Albacete, a cuyo frente se encuentra don Agustín Peiró. El concierto inaugural corrió a cargo, a petición propia, de don Ramón Coll, que a su vez forma parte del jurado. Fue el último concierto del gran músico e intérprete  nacido en Menorca y lo quiso dar en Albacete, un hecho que debe honrarnos. Una enfermedad ocular le ha dejado con tan solo un 25% de vista en uno de los ojos y por el otro nunca ha visto, he ahí el motivo de su retirada. En la II parte del concierto el maestro Coll interpretó la obra antes citada, “¡vaya regalo que me ofrece el día!”, pensé. Aparecieron sus manos sobre el teclado y comenzó a bailar con sus teclas, primero lentamente, con disimulo, poco después, ya en medio de la pista, el público contemplaba el arte y la complicidad entre quién compuso y quién interpreta siglos después, algo difícil de describir con palabras, misterioso, mágico, angelical me atrevería a decir.

El resto del concierto también sensacional, con las Cuatro Baladas de Brahms, y de nuevo Chopin con otros dos nocturnos y la Sonata op. 35 nº 2. El sonar de la Marcha fúnebre fue otro de los momentos estelares de la noche, el Auditorio Municipal quedó cubierto por un silencio sepulcral que hacía difícil no emocionarse. Tanto magisterio le costó a don Ramón tener que salir en varias ocasiones a recibir los aplausos del público, a los que respondió con sucesivas propinas. No sabemos aún quien será el ganador del concurso en la presente edición, pero lo que no podemos negar es que ha tenido el mejor de los comienzos. Y nosotros, el público, tan agradecidos.

Ramón Coll interpreta a Chopin 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Pedro Iturralde

El pasado jueves tuve la gran fortuna de ver en directo a don Pedro Iturralde. Con él y su cuarteto daba comienzo el Festival de Jazz de Albacete. A sus 83 años hizo que los ángeles se acercaran al saxofón y a su clarinete para deleitar al público con música celestial. Un contrabajo, el piano y la batería hicieron el resto. Pedagogo él, fue “desnudando” cada uno de los temas que tocó, dónde y cuando los compuso, qué o quién los inspiró, las partes y estructura del todo, las melodías, influencias, etc. Todo un concierto y toda una clase del primer Catedrático de conservatorio de Saxofón que ha dado este país. Fue Pedro Iturralde el que introdujo el Jazz en nuestra querida España y al que, los aficionados, le debemos tanto. ¡Bravísimo!


"Suite Hellenique"