Hace unas horas contemplaba un brillante intercambio de ideas, reflexiones, de dos brillantes hombres, cada uno en sus respectivos ámbitos, profesiones, vidas. Ambos, cuanto menos, tienen algo en común: los dos pasan de la edad máxima, en general, de jubilación.
D. Ramón Tamames y D. Amando de Miguel son dos hombres que al llegar a los 65 años han seguido desempeñando sus profesiones, ambas liberales, eso sí. Uno economista, el otro sociólogo y ambos profesores universitarios (fuera ya de las aulas por imperativo legal), escritores, conferenciantes, tertulianos, periodistas. Ramón y Amando siguen activos, lúcidamente activos, compartiendo su sabiduría y experiencia con todos nosotros. Uno a punto de cumplir los 77 años, el otro los 72. Mi abuelo paterno murió escribiendo cuentos, componiendo música y retocando su ensayo póstumo "Desde la cima de la colina". Falleció con 89 años, a punto de cumplir los 90.
En el programa de televisión del que les hablaba, uno y otro compartían la misma idea, en un país donde hay libertad para casi todo, entrecomillemos la palabra libertad, resulta que tenemos una legislación laboral que "prohibe" seguir trabajando a partir de los 65 años. ¿Por qué?
¿Porqué no voy a poder seguir trabajando si libremente así lo deseo?
Algo pasa en este país cuando se discrimina legalmente al que quiere trabajar al cumplir una determinada edad. La Constitución Española, el Estatuto de los Trabajadores, prohibe la discriminación por razón de sexo, credo, ideología, etc., pero no por la edad. Nefasto.
Como nefasto es, será para las arcas públicas el que no se incite a seguir trabajando (= recaudando impuestos) para soportar este nuestro sistema del bienestar. Un sistema que empieza a tambalearse.
Seamos serios y valientes. Este país necesita, entre otras muchas cosas, una urgente reforma laboral y, sobre todo, más libertad y mayor respeto para nuestros mayores y su experiencia vital.
No sé lo que ustedes opinan.